#meplantocondos

¡Quién me lo iba a decir a mí! Con lo que me costó convencer a mi marido para que nos estrenásemos como padres y, ahora, después de dos hijas, me dice que a él le gustaría tener un tercero si nuestra situación (hace énfasis en la parte económica) fuera mejor. Para mí aquellas que dicen #voyaporuntercero y lo ejecutan me parecen unas valientes y hasta les hago una reverencia o les pongo la alfombra roja. Y tengo mis motivos para entonar el #meplantocondos porque…

  1. … así puedo canjear sin problema los cupones de 2 x 1 de los que soy muy fan.
  2. … así uno hace de papá y otra de mamá y nadie se queda colgado.
  3. … cuando viajamos en tren podemos acogernos a la oferta de cuatro.
  4. … es el número ideal para jugar al parchís.
  5. … si te vas de vacaciones no tienes que pedir cama supletoria, dos habitaciones dobles y todo solucionado.
  6. … el pack de donuts o de natillas es justo para cuatro y no sobra ni falta ninguno en la mesa.
  7. … solo tengo dos manos, una para cada una de mis hijas.

Ya hablando en serio y dejando atrás tópicos, chistes fáciles y bromas creo que la sociedad no lo pone nada fácil para que las parejas tengamos más de uno o dos hijos. Las jornadas de trabajo son incompatibles con los horarios escolares y, al final, las opciones que tenemos son reducción de jornada, lo que lleva implícito menos ingresos; contratar a alguien, pero volvemos al mismo punto de reducir el dinero que entra en una casa; o lo que es mi caso y me siento afortunada, delegar el cuidado de mis hijas a los abuelos/tías.

Sí, me evito un gasto extra, pero al mismo tiempo esta circunstancia me frena y me agobia, porque tener un hijo para que lo cuiden otros no me parece nada justo, ni para los abuelos/tíos, que lo que quieren es disfrutar de su jubilación, ni para el pequeño, que quiere estar con sus padres, y ni para nosotros sus padres, que sufrimos por no estar con él el tiempo que queremos y que nos demanda. Esta es un poco la base de mi rotundo no a #voyaporuntercero y, a partir de aquí, tengo una lista de motivos relacionados con la logística, el espacio, la ‘educación de calidad’ para mis hijas… Habrá mucha gente que piense que puedan ser excusas, porque en parte sí lo son, pero para mí son razones de peso. Y, bueno, una última cuestión que pienso, desde mi punto de vista, que el ser humano es un poco egoísta. Creo que nos hemos acostumbrado a una serie de comodidades que con la llegada de un hijo se relegan a un segundo plano, con un segundo se renuncian a ellas y con un tercero me imagino que se olvidan por completo, al menos en una temporada bien larga. Hablo de ir al cine o al teatro, a cenar con tu pareja, practicar algún deporte, viajar… Queremos tener nuestro tiempo y nuestro ocio y, en muchos casos, esto no es compatible con los primeros años de la maternidad/paternidad.

Examinando mi círculo más cercano de amigas (las de toda la vida, las mamis del colegio de mi hija, las que conocí en el grupo de postparto, las del trabajo, las del pueblo, las vecinas de mi bloque…) pocas han dicho #voyaporeltercero, pero algunas osadas sí lo han hecho. Ellas están encantadas, por eso he querido hablar con alguna para que me explique, que no es lo mismo que me convenzca porque la decisión está tomada, su situación y su día a día.

Susana tiene 37 años, se dedica a la programación y tiene tres hijos: Lucía, de siete años, Kike, de cinco y la pequeña Vera de dos. Siempre tuvo claro que quería formar familia numerosa. De hecho su número ideal eran cuatro, pero su marido dijo que dos, así que llegaron a un acuerdo y la cosa se quedó en tres. “Lo mejor de todo son ellos, mis hijos, con sus magníficas virtudes y sus maravillosos defectos. Me encanta verles jugar juntos, hablar entre ellos, observar cómo cada uno cuida del siguiente, cómo se protegen, cómo se quieren… Sé que esto no lo da el número de hijos que tengas, pero para mí es algo maravilloso. Cuando uno falta porque se ha ido con algún amigo, se nota muchísimo en la casa, se queda vacía. No solo su padre y yo le echamos de menos, sino que sus hermanos no parar de preguntar dónde está y cuándo volverá”. Lo peor, quizás, y lo más problemático es el momento de las vacaciones o de salir a comer. “Hemos tenido algún contratiempo en algún restaurante, obligándonos a coger medio menú para cada uno en vez de compartir uno entero, pero una reclamación y listo. No me gusta tener que dar explicaciones de algo que creo totalmente injusto. De hecho, algún local nos ha denegado una mesa por ser tres niños y no poder acoplarnos en una de cuatro, porque claro, los niños consumen menos”.

Su día a día es un no parar. Despiértales, ponles el desayuno, uno a la guardería, otro a infantil y la mayor, a primaria, ve al trabajo, vuelve  de nuevo a por ellos… Siempre corriendo de un sitio a otro, pero aunque es estraseante imaginárselo, Susana es feliz: “Es mi maravillosa rutina, pero no me quejo porque el próximo curso irán todos al mismo sitio, lo que me dará unos minutos más de tranquilidad y sosiego y, bueno, si lo necesitamos pedimos ayuda a las abuelas, aunque suele ser en contadas ocasiones”. Cuando los peques se van a la cama, ella se tira en el sofá de su casa a leer, respirar, tocarse el ombligo, lo que le apetezca, con un único pensamiento, sus hijos, y despues sonríe.

Al final, tengas uno, dos o tres hijos todo es cuestión de organizarse, acoplarse, encajar piezas, buscar la manera de que todo este tetris que es la maternidad/paternidad vaya creciendo y saliendo adelante. Para Susana tres es el número perfecto, para mí lo es 2, ¿y para ti? Cada familia debe elegir el suyo y será el ideal.

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