Princesas que buscan el amor y la libertad

Cuando mi marido y yo supimos que nuestro primer hijo iba a ser una niña, una de las primeras cosas que decidimos fue que, si alguna vez quería jugar al balón o pedirle a los Reyes Magos un camión gigante (como hizo con tres años) , no le diríamos esa antigualla de que esas eran cosas propias de chicos y que ella debía interesarse más por las muñecas. Pero lo cierto es que según ha ido creciendo y cumpliendo años, el mundo de los cuentos de las princesas le ha fascinado cada vez más, y no porque nosotros lo hayamos fomentado de alguna manera, pero tampoco prohibido. Queríamos y queremos que ella misma vaya descubriendo las cosas y decidiendo qué le gusta y que no.

Al principio me chirriaba un poco la idea de que esas historias de princesas un tanto ñoñas pudieran atraerle tanto a Elena. Siempre me daban la sensación de que ofrecían una imagen de la mujer demasiado estereotipada, con un rol de sumisión en un mundo todavía patriarcal. Una especie de chica en busca de un amor idealizado que la salve de todos los males. Pero cuando fuimos al preestreno de Enredados otra vez, la nueva película de Disney para televisión y anticipo de la serie que emitirá a partir del próximo 2 de junio, me di cuenta de que yo misma me he quedado anclada con una percepción de los cuentos de princesas que nada tiene que ver con la que las niñas actualmente pueden tener. Puede que las historias de Blancanieves, Cenicienta o alguna otra protagonista de cuento infantil nos traiga a la memoria una imagen de la mujer que ya nos suena antigua.

Pero es que las nuevas ‘princesas’ de Disney ya no son así, por suerte, razón por la que nuestras hijas pueden tener un reflejo más fiel de su mundo y de sus ideales del que probablemente nosotras tuvimos cuando éramos pequeñas. Vaiana, Elsa, Elena de Avalor  -su favorita por llamarse como ella- o Rapunzel, la protagonista de Enredados, son chicas que no necesitan un príncipe atractivo y valiente que las rescate de mil peligros y cuyo único sueño sea casarse con su amado redentor. Al contrario, su identidad se desarrolla por sí sola: son independientes, atrevidas, luchan por aquello que creen justo a pesar de la oposición de todos los demás, incluidos sus padres, se desenvuelven con soltura en un mundo de incertidumbres y también se enamoran perdidamente, pero no para dejar de hacer aquello en lo que creen, sino porque han encontrado al compañero ideal… por el momento.

Y con esta nueva imagen de las princesas en la cabeza que me vino mientras veía Enredados, no me extraña que mi hija y el resto de niñas jueguen a ser princesas, porque la exaltación de la libertad, la lucha por unos ideales de justicia y solidaridad y el descubrimiento del mundo con sus propios ojos no tienen nada que ver con las antiguas historias de los cuentos de hadas.

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