Amor dividido, amor compartido

Desde que empecé a escribir en este espacio siempre he tenido muy presente a mi hija Elena de casi cinco años, porque “intento hacer” muchas activades con ella y después  compartirlas aquí. También porque dentro de mí he albergado un sentimiento de traición con la llegada de su hermana y, quizás, por eso, desde un primer momento he intentado cuidar mi forma de hablar y de comportarme para que no notase mi “ausencia”. Pero, claro, tanto “cuidar” a la mayor me ha hecho darme cuenta de que la pequeña también me necesita y me reclama.

Cuando cada día llego a casa del trabajo, Elena me recibe con un beso e inmediatamente después se pone a jugar. Ana (de 13 meses) me mira con cara de “¿cuándo me vas a coger?”, pero a la vez me da mi tiempo para dejar las cosas, ponerme cómoda  y merender algo. Son las reglas que hemos establecido, me deja hacer lo que necesite, incluso ducharme, eso sí, en cuanto la tengo en mis brazos, no hay marcha atrás. No importa qué juguetes haya en el suelo del salón, ni tampoco si sus abuelos están intentando hacerla reír o si Elena la invita a jugar a la pelota… ¡¡¡ella sólo quiere estar con su mami!!! Y que ni se le ocurra a su hermana acercarse a mí, porque si lo hace… ¡es la guerra! Ana empieza a llorar desconsoladamente y con su diminuta mano, intenta apartar a Elena de mí con empujones o tirones de pelo. Y, aunque me duela ver cómo echa a mi hija mayor de mi lado, también lo entiendo. Son pocos los momentos que tenemos a solas, desde que asomó su cabecita ha tenido que compartirme con alguien más, y quizás por eso -al menos es mi teoría- continúa demandando leche materna, porque sabe -los niños son más listos de lo que pensamos- que durante el tiempo que esa etapa se extienda, el vínculo entre ella y yo será inquebrantable.

Y, claro, en este escenario que tengo creado a mi alrededor, no falta la frase de la mayor diciendo: “Es que mamá solo quiere estar con Ana”. Eso creo que ya lo tengo superado y Elena también, ahora mi preocupación es que la menor no se sienta menos querida.  Al principio me puse como objetivo educarlas de la misma manera y darlas las mismas cosas, pero creo que eso es imposible. El contexto en el que nació mi hija mayor es totalmente diferente al que hay ahora dibujado en mi vida, y no solo eso, es que yo no soy en este 2016 la misma Lidia que hace cinco años. He vivido experiencias buenas y malas, me he nutrido de momentos amargos y dulces, me he caído y me he levantado ante situaciones que han pasado  por mi camino… pero para mí mis dos hijas son igual de importantes, y  aquí recuerdo la pregunta que me lanzó una amiga que no tiene hijos: “¿Se quiere más al primero que al segundo? ”. Rotundamente yo contesté NO. Y es que el amor que se siente hacia un hijo no conoce de posiciones, medidas, duración o cantidad. Con los hijos uno descubre la capacidad que tiene para querer al mismo tiempo y de la misma manera a dos, tres o cuatro personas. Y esto me recuerda temores de una amiga ante el segundo embarazo y sus dudas de si tendría amor suficiente para ambas criaturas. Indudablemente sí, porque cuando se quiere y se quiere y no hay más.

3 comentarios en “Amor dividido, amor compartido

  1. Mare mía cómo te entiendo amiga
    Qué bien has transmitido estos sentimientos de tener que dividirte con dos Amores tan grandes que yo a veces me siento que tengo doble personalidad jajaja

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