La aventura de ser madre

Recuerdo como si fuera ayer el día que me enteré, o mejor dicho, confirmé, porque yo ya tenía mis sospechas, que estaba embarazada. Todo a mi alrededor respiraba felicidad, a pesar de las típicas molestias.

En ese momento comenzó la carrera por leerme los 28.000 libros que versan sobre la maternidad y poder estar preparada para lo que se me venía encima. Pero cuál fue mi sorpresa que, cuando tuve entre mis brazos a ese diminuto ser de tres kilos y medio, todo se dio la vuelta y las horas que había invertido en mi preparación como madre no habían servido de nada. Y es que por mucho que se empeñen las editoriales (aquí dejo mis respetos hacia ellas) no hay actualmente en el mercado ningún libro que te enseñe cómo enfrentar al día a día con un bebé, niño o adolescente. ¿El motivo, la razón, el por qué? Ser madre no nace, se hace; cada niño es un mundo, y cada madre, un universo. Aún así creo que hay pequeños trucos, atajos, secretos, pongámosles la etiqueta que queramos, que nos permiten ‘sobrevivir’ a la aventura de ser madre. Dejo aquí los que a mí me ayudan y me gustaría que las que estáis detrás de la pantalla también lo hagáis y así nos ayudamos tod@s 😉

La palabra prohibido, un gran aliado
Estás en el parque hartita ya de mover  el columpio y quieres que cambie al tobogán para poder descansar un poco. Utiliza el sustantivo prohibido e irá allí corriendo. “Elena, está prohibido subirse al tobogán”, y no falla, va escopetada.

Renombrar la comida
Con cuatro años lo que mejor conoce Elena son los colores, por eso en casa hemos rebautizado ciertos alimentos para que sean más atractivos para ella según su moda de ver la vida. Por ejemplo, la trucha o el salmón, un pescado aburrido en apariencia se convierte en el “pescadito rosa”. O los filetes de lomo ¿qué nombre tan feo, no? Es chicha rosa, y así como por arte de magia, su paladar no los rechaza. ¿Será quizás también porque su color favorito es el rosa?

La presentación también cuenta
Y siguiendo con el tema de la comida, pasamos a algo que nos trae de cabeza a todas las madres, el capítulo de la fruta. Tengo que reconocer que es un alimento que le gusta, pero para que no se aburra, ahora se nos ha ocurrido poner trocitos de plátano o fresa en una brocheta. Así son más llamativos y, por qué no decirlo, más elegantes.

¡La autoridad!
Por más que te esfuerces hay en cosas en las que los pequeños nos tienen cogidos la medida, por eso en casa (fue un poco de casualidad, todo sea dicho de paso) tenemos a una autoridad suprema: El tiempo. Todo empezó cuando Elena no comía, “se echa el tiempo encima”, le decíamos. Y ella comenzó a creer que el tiempo era una persona, hasta tal punto que si le soltábamos: “Si no comes, voy a llamar al tiempo”, y ella se ponía  a llorar como si fuera lo peor del mundo. Aún hoy lo empleamos de vez en cuando… pero ha perdido fuerza.

El placer de pasear
“Que me canso”, “Llegamos ya”, “Cógeme”. ¿Cuántas veces al día oyes estas frases? Infinitas. A mí me encanta pasear, pero a mi hija no, así que lo que hago para poder dar un paseo en familia es aprenderme todo el repertorio de temas musicales infantiles y las vamos cantando para distraer su atención y no piense en otra cosa. Otro truco, que seguro que utilizáis, es jugar el Veo veo. ¡Todo vale con tal de poder hacer algo de ejercicio!

El juego del silencio
¿Y cuando quieres estar un rato en paz y tranquilidad, pero tu hij@ quiere hablar y hablar y hablar? ¡Solución exprés: el juego del silencio! Gana el que esté más tiempo callado. A mí me funciona porque como siempre quiere ser la primera…

Y estos son mis secretos de madre. Si tenéis algunos que queráis compartir, serán muy bien recibidos.

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