Berlín en familia. Monumentos, Historia y diversión para los peques.

Mi mujer y yo llevábamos un tiempo escuchando a varios amigos con hijos recomendarnos viajar a Berlín. “Es una ciudad muy amable con los pequeños”, nos decían con palabras más o menos parecidas. Sin embargo, no es lo mismo viajar en primavera o verano que en el puente de diciembre, que es cuando nosotros teníamos los días para escaparnos. Después de hablar con VisitBerlín (¡gracias, Joyce y Alexandra!) nos convencimos de que sería una experiencia única conocer la capital de Alemania unas semanas antes de las navidades. ¡Y así fue! Unos abrigos por allí, unas bufandas por allá, guantes, camisetas térmicas y muchas ganas de visitar mercados navideños, museos y lo más importante, pasear por las calles de Berlín. ¡Inolvidable!

MERCADILLOS NAVIDEÑOS

Hay más de 70 mercadillos navideños en Berlín en estas fechas. Es prácticamente imposible verlos todos, por eso os vamos a dejar los tres que más nos gustaron a nosotros (en el mes de diciembre de 2023). Lo primero decir que son preciosos. Pasear entre sus casetas con un vino caliente en las manos (los adultos, claro) es una experiencia absolutamente entrañable. Villancicos, actuaciones en directo, artesanía y muchos puestecitos de comida. Una de las cosas más características es el maravilloso olor que, desde muchos metros antes de llegar, ya te atrae hasta los mercados.

Empezamos por el que, en nuestra opinión, es el más espectacular. Se llama Berliner Weihnachtszeit y se encuentra entre el Rotes Rathaus (el famoso Ayuntamiento Rojo, que por cierto también se puede visitar) y la iglesia St. Marienkirche. ¡Es una pasada! Una noria enorme (50 metros de altura) te permite ver todo el mercado desde las alturas. Hay una gran pista de hielo circular y lo más original de todo es que puedes ver al mismísimo Papá Noel volando en su trineo por encima de las casetas del mercado. Sí, sí, no es broma. Tres veces al día (a las 16:30 h, 18:30 h y 20:30 h) En nuestro caso no le dijimos nada a los peques y nos colocamos concienzudamente en un lugar desde dónde se iba a ver perfectamente el trineo volando. Se quedaron con la boca abierta. Es impresionante ver como todo el ajetreo del mercado se paraliza cuando aparece Papá Noel (que no es un muñeco, ni un animatronic, por cierto. Sino el mismísimo Santa).

Otro de los mercados que más nos gustaron, este mucho más pequeño que el anterior, es el de Postdamer Platz. ¿Por qué? Pues porque a parte de los maravillosos puestos culinarios y de artesanía los peques flipan con un enorme tobogán de 12 metros de altura y 70 metros de largo con la pendiente completamente helada y en el que hay que tirarse sentado en unos neumáticos. No os podéis imaginar la ilusión y los nervios de nuestros hijos mientras subíamos hasta arriba del tobogán. Por cierto, muy, muy cerca hay dos centros comerciales estupendo para visitar en familia. Por un lado, el Postdamer Plazt Arkaden y por otro el famosísimo Mall of Berlín, donde también podemos encontrar un tobogán enorme que baja desde el último piso hasta el primero haciendo las delicias de pequeños y grandes.

Y, por último, y os aseguramos que nos ha costado mucho solo elegir tres mercados para recomendaros, os animamos a visitar el del Palacio de Charlottenburg. En este caso el absoluto protagonista es el propio palacio que se ilumina de una manera preciosa cada noche. Lo ideal es pasear por sus enormes y cuidados jardines e incluso visitar el palacio por dentro (hay visitas guiadas muy interesantes). Después de la visita uno puede merendar o cenar en varias de las casetas del mercado para disfrutar de verdaderas delicias culinarias y una gran selección de dulces.

BERLÍN HISTÓRICO

Berlín es una ciudad enorme. Uno de nuestros guías nos recomendó en nuestro primer día de estancia que no se nos ocurriera intentar caminar por toda la ciudad porque las distancias engañaban. Afortunadamente Berlín está muy bien comunicado con metro, autobuses y trenes. Lo ideal es comprar una Berlin WelcomeCard para moverse por toda la ciudad. Dependiendo del presupuesto que se tenga hay varias modalidades (una incluye los museos de La isla de los museos). Por cierto, ¡importante! La Berlin WelcomeCard solo se valida una sola vez. No hay que pasarla una y otra vez en cada uno de los transportes (es más, si se hace puede llevarnos a tener algún problema con los revisores ya que la fecha se emborrona). Respecto a la ciudad… ¿Por dónde empezar? Quizá por la famosísima Puerta de Brandeburgo. Pasar por Unter den Linden viendo a lo lejos el famosísimo monumento, impresiona. Al igual que en la Torre Eiffel de París o en Piccadilly Circus en Londres, cientos de turistas se fotografías desde todos los ángulos posibles. El peso histórico de cada calle de Berlín es enorme, pero posiblemente la Puerta de Brandeburgo sea el lugar con más peso histórico de la ciudad. Muy cerquita de allí está el parlamento con la famosa cúpula del Reichstag. Es otra de las visitas obligas en la capital alemana. El edificio tiene una cúpula diseñada por el arquitecto Norman Foster que puede y merece ser visitada. Por cierto, aunque recomiendan sacar la entrada por internet, a pocos metros del parlamento hay una caseta donde se puede sacar entradas para distintas horas y días (normalmente es complicado sacar para el mismo día por lo que lo ideal es sacarlo por internet)

Desde hace unos meses está cerrado el Museo de Pérgamo con el famoso altar que da nombre al museo. No podrá verse de nuevo hasta 2027 y aún así el museo seguirá cerrado en buena parte varios años más. De todos modos, muy cerca de allí, podemos disfrutar del Neues Museum, un lugar espectacular para niños y mayores donde, entre otras muchas joyas, podremos mirar cara a cara a la reina egipcia Nefertiti. Impresiona la perfección y el detalle de este busto de 1345 antes de Cristo. Uno de los trabajadores del museo nos aconsejó subir hasta la última planta e ir bajando poco a poco hasta la puerta de salida. Así lo hicimos y creo que es un consejo interesante para no “perderse” entre tanta sala. Evidentemente Nefertiti es la estrella del museo, pero no podéis dejar de ver el el sombrero ceremonial transalpino realizado con 480 gramos de oro de hace unos tres mil años. Justo en esa planta hay una zona con unas grandes pantallas en las que se repasa buena parte de la historia de la humanidad relacionada con todo lo que se expone en el mismo museo. Es una buena oportunidad para sentarse en los bancos habilitados y descansar un poquito. Incluso hay unos “pufs” enormes en los que la gente llega a sentarse e incluso tumbarse mientras observa la proyección.

Muy cerca de la Isla de los museos se encuentra el Berliner Dom, la catedral de Berlín. La verdad es que su enorme arquitectura impresiona a todo el mundo. Desde allí hasta la famosa Alexander Platz hay un paseo muy agradable de unos quince minutos. Veremos el parque de Marx y Engels (con unas enormes estatuas de los famosos economistas comunistas en las que siempre hay gente fotografiándose), y por supuesto nos iremos acercando a la gigantesca torre de la televisión de Berlín (Fernsehturm de Berlín). Se puede subir hasta arriba del todo a disfrutar de las vistas (siempre que no haya salido un día con la famosa niebla berlinesa)  e incluso hay un restaurante que, tal vez es un poco caro, pero que tiene las mejores vistas de la ciudad.

Berlín, como ya hemos dicho, es enorme. Lo ideal es planificarse los días para no dejarse nada de lo que queramos ver. Pero la realidad es que la ciudad bien merece una segunda, tercera o cuarta visita a lo largo de nuestras vidas para apreciar cada uno de sus rincones y tesoros. Por cierto, es muy posible que si vas a partir de 2025 ya no puedas ver la recreación del legendario paso a nivel más famoso entre el Berlín Oriental y el Occidental. Nos referimos, evidentemente, al Checkpoint Charlie. Uno de nuestros guías nos explicó que a los vecinos berlineses no les gusta especialmente esa recreación. Hace unos años prohibieron los falsos soldados que se fotografiaban con los turistas por la misma razón.

Podríamos hacer un reportaje infinitamente más amplio, pero vamos a terminar hablando del Muro de Berlín. Nuestros hijos estaban muy interesados en todas las explicaciones que el guía nos fue dando a lo largo y ancho de la ciudad sobre el terrible muro que separó a los berlineses durante tantas décadas. Aunque hay varios fragmentos de muro en varias zonas de la ciudad, el tramo mejor cuidado y más largo se encuentra muy cerca de la estación U Kochstr./Checkpoint Charlie. Exactamente a tan solo 3 minutos a pie de la entrada. Llegar a esta zona de la ciudad es muy fácil. Puedes coger el tranvía (líneas RE2 y RE7), el metro de Berlín (líneas U2 y U6) o bien el autobús de la ciudad (Líneas 147, M29 y M48).  Los dibujos pintados en el muro impresionan y es prácticamente imposible no fotografiarse delante de muchas de las obras de arte allí expuestas. Si vais varios días a Berlín y tenéis tiempo es interesante hacer alguna excursión como las que nosotros hicimos. No nos vamos a extender mucho, pero os recomendamos encarecidamente Postdam, una preciosidad de ciudad que está apenas a cuarenta minutos en tren y que es Patrimonio de la Humanidad. Y, aunque sea una excursión muy dura, nosotros también nos acercamos al campo de concentración de Sachsenhausen, ubicado en la población de Oranienburg, en Brandeburgo. También a unos cuarenta minutos de Berlín. Lo ideal es ir acompañado de un guía que nos cuente en español y con detalle todas las historias (terribles historias) que esconde este campo de concentración tan cercano a la capital alemana.

Pues nada, familia de “Mamá tiene un plan”, os animamos encarecidamente a viajar a esta maravillosa ciudad europea llena de historia: ¡La ciudad de la libertad! Si queréis más información detallada no dudéis en echar un ojo a https://www.visitberlin.de/es

Texto y fotografías: Víctor R. Alfaro

Locutor de Sol Radio y escritor.

 

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