Safari: un pedacito de África al sur de Madrid

Si os gustan tanto los animales como a nosotras, os recomendamos hacer una escapadita a Safari Madrid, que está ubicado en el municipio de Aldea del Fresno, al suroeste de la Comunidad. Nosotras ya lo habíamos visitado en mayo, hace dos años, pero nos apetecía verlo durante el otoño/invierno. Ya sabéis que, en función de las estaciones del año, los animales tienen diferentes comportamientos y el paisaje varía. Así que decidimos ir el pasado fin de semana. Se nos presentó un día fresco de invierno, pero con un solecito que lo hacía bastante agradable. Nuestro miedo era si veríamos menos animales que en los meses de más calor, por el frío o si estarían más aletargados, pero ¡nada más lejos de la realidad! Además, al ser un plan para hacer en familia en vuestro coche y la mayoría de las zonas comunes, a pie, ser exteriores, es un plan muy seguro.

Cuando llegas a Safari, ya en la taquilla, te dan una serie de indicaciones tanto por prevención Covid –uso de mascarilla en zonas comunes; de gel hidroalcohólico, existente a cada paso…-, como de seguridad en el recorrido del Safari en tu coche –no bajar más de cinco dedos el cristal; si se te para el coche, tocar el claxon para que vayan a rescatarte…-.

Cuando accedéis al recinto veréis que existen varias zonas según vayáis pasando por el camino con el coche. Lo primero que os encontraréis es la zona del anfiteatro, donde se realizan las exhibiciones de rapaces y mamíferos -a la entrada os darán los horarios de las mismas-. Después veréis a vuestra izquierda la zona de los mansos y el acceso al mini zoo. Se trata de un lugar en el que vuestros peques podrán interactuar con cabritas, acariciarlas y darles de comer. Y después podréis visitar un zoo que os fascinará, os lo aseguramos. Justo enfrente de estas instalaciones, está la zona recreativa y de ocio, así como el mirador de elefantes.

En la zona recreativa, vuestros peques podrán tirarse por toboganes gigantes, conducir vehículos biplaza en una pista cerrada y ¡hasta montar en poni! También tenéis una zona de cafetería al aire libre y, en verano, ¡hasta una piscina! Además, hace poco han abierto al público un mirador de elefantes que es una chulada. Cuando nosotras subimos a verlos, los paquidermos estaban bastante lejos, pegados a la zona del recorrido de los coches, pero supongo que, en verano, al haber una zona de lago justo al lado del mirador, tiene que ser un espectáculo fascinante ver a estos grandiosos animales bañarse en él. Si continuáis con el coche, podréis ver otra zona: la del reptilario y la gruta de cocodrilos con un gran merendero exterior. De hecho, todas y cada una de estas zonas, cuentan con zona de mesas, merenderos y cafeterías, donde comprar lo que os vais a tomar o comer lo que llevéis de casa. Todo muy cómodo para ir en familia, os lo aseguro e incluso con personas mayores, ya que apenas hay que caminar en el recorrido.

Superadas estas zonas, en las que uno aparca y se baja del coche, comienza el recorrido de Safari propiamente dicho, en tu vehículo. Nosotras optamos por comenzar por éste, ya que a primera hora hacía más “fresquito” y dejamos el resto para visitarlo después de ver la exhibición de rapaces, que era a la una y después de comer. Cuando vas a acceder a la parte del Safari, los trabajadores te recuerdan las indicaciones de la zona 1, por la que se empieza: tanto la de la ventanilla, como la del claxon, si se te para el coche, además de aclararte que los animales están en semilibertad y allí, tienen ellos la preferencia y no tu vehículo. También puedes comprar zanahorias por 2€ para alimentar a los herbívoros de esta primera zona. Nada más acceder, ya nos estaban esperando -éramos los terceros del recorrido- para comer su chuche favorita (zanahorias y manzanas) tres guanacos (primos de las llamas) y un avestruz. Mis hijas estaban fascinadas dándoles de comer y observándoles de cerca. Cosa diferente fue cuando se acercó el avestruz. Impone muchísimo y tiene esa fuerza en el pico y en el cuello que, para darle una zanahoria nos costó muchísimo porque la tiraba dentro del coche al irla a coger. Pilar, que es más “miedosilla”, se echó corriendo para atrás. No os puedo explicar lo fascinante que es poder ver, alimentar y tocar a estos animales de cerca. A las peques les maravilló el plumaje del avestruz, que es una especie de pluma-pelo muy tupido, además de su tamaño. Y la lana tan densa de los guanacos.

Avanzamos y el recorrido es precioso, con una vegetación y unos lagos chulísimos. De hecho, estamos en la ribera del río Alberche, por tanto, es una zona de gran riqueza ecológica. Un poco más adelante nos encontramos con ciervos, muflones, arruís, cervatillos… Una maravilla de visión. Todos corren hacia tu coche, en un entorno fascinante, deseosos de comer las zanahorias que les vas a dar por la ventanilla. Es seguro que te llevarás algún lametazo, de hecho, nuestros cristales acabaron ¡muy babeados! No os hacéis una idea lo que disfrutan los peques y también los adultos contemplando estos ejemplares tan de cerca e interactuando con ellos. Yo pude dar una zanahoria a un ciervo que tenía una gran cornamenta. Al principio, impresiona bastante cuando se va acercando, pero, una vez que se pega al coche, le ves esa cara tan bonita y es fascinante. Lo mismo sucede con los cervatillos. Pilar decía: “¡mami! ¡Has visto! Tienen las pestañas largas de verdad ¡como las de Bambi!”.

También me preguntó si nos podíamos llevar uno a casa, jajajaja. Lógico, ¡son tan bonitos! Es impresionante ver a varios arruís -muy parecidos a las cabras montesas- corriendo hacia tu coche. Y que algunos se pongan de patas encima del cristal para llegar a su deseada “chuchería”. En estos momentos, a Pilar le entraba una risa ¡muy nerviosa!

Un poco más adelante, accedes a la zona 2. En ella los animales herbívoros son un poco más grandes e impresionan mucho más. Tuvimos el privilegio de contemplar de cerca algunos watussis, con sus impresionantes cornamentas. También dromedarios, elefantes, cebras, jirafas. Lo cierto es que, tanto las cebras, como las jirafas me parece una creación bellísima de la naturaleza y poder contemplar esas perfectas rayas y manchas de su piel tan de cerca es un privilegio.

Pudimos dar de comer zanahorias a las cebras y a las jirafas las pudimos ver muy cerquita. Están en una zona acotada, muy extensa y han tenido crías. A Carmen le llamó mucho la atención cómo se agachaban hasta el suelo para comer alguna zanahoria que les habían lanzado los visitantes. Me dijo: “mira mamá, se abren de patas para poder doblar el cuello hasta el suelo. Me recuerda a la peli del Rey León cuando hacen la reverencia”. Y lo cierto es que, en ese momento, yo estaba pensando lo mismo que ella.

Justo antes de entrar en la zona 3, la de animales peligrosos, ya intuyes lo que te espera porque ves en un recinto gigante a varios tigres de bengala. Una vez que llegas a esta zona, el personal de Safari te recuerda las normas de la misma: no bajar las ventanas y no detenerse en el recorrido. Cuando entras al mismo, puedes ver a la manada de leones y leonas. Es lo primero que te llama la atención.

Estaban a una distancia razonable del coche, dormitando. Los pudimos ver cómo bostezaban al sol y cómo la leona hacía arrumacos al león. Es una maravilla ver a estos animales tan de cerca y sin jaulas de por medio. Se les ve con cara de felicidad, plenamente integrados y sin barrotes de por medio.

También vimos a los monos -los de culo pelado- que son bastante “trastetes”. De hecho, había un trabajador en un Jeep y si empezaban a alterarse los disuadía. Puedes verlos jugar e interactuar entre ellos. Mi sobrina Elena se quedó alucinada mirándolos. “Desde luego, parecen personas”, decía. En esa misma zona pudimos ver a hipopótamos, rinocerontes e incluso a un oso o una parte de él, que estaba medio dormido dentro de un gran tubo. También puedes contemplar, mucho más de cerca, detrás de vallas de madera a búfalos, a una especie de caballo de largo pelaje.

Una vez terminado el recorrido, fuimos a visitar el nuevo reptilario, recién inaugurado. ¡Es una maravilla! Pudimos ver a cantidad de serpientes pitón, anacondas, lagartos, varanos y tortugas. Nos impresionó particularmente la última tortuga que, con una boca gigante, ¡parecía más un cocodrilo!

Después, pasamos a la gruta de los cocodrilos, que también está ampliada y mejorada. No tenía ni idea de que existían tal cantidad de cocodrilos en el mundo. Y es impresionante verlos nadar e interactuar con las tortugas en grandes recintos climatizados.

Después nos fuimos a la exhibición de rapaces, que era a la una de mediodía. Junto con el recorrido en coche, esto fue lo que más nos fascinó. Ver a esa variedad de rapaces, volando empicado hacia señuelos, planeando sobre nuestras cabezas, que muchas veces se escuchaba un “ooooohhhhh” generalizado del público. Las niñas alucinaron viendo cómo una de las aves abría un huevo, golpeándolo con una piedra para acceder a su interior. Pero no solo había aves rapaces, sino también loros y cotorras de colores espectaculares y la parte final es una exhibición de mamíferos, en la que el público puede ver cómo salta y se retuerce un ejemplar de serval para atrapar su carne y el comportamiento de una manada de lobos que son una maravilla.

Tras la exhibición, nos marchamos a comer. Optamos por hacerlo en la zona del reptilario. Comimos al solecito, bajo una encina, en un merendero chulísimo, con unas vistas preciosas y después nos tomamos un cafetito caliente y las niñas, un chocolate que compramos en la cafetería.

Una vez reposada la comida, nos marchamos al lugar favorito de mis peques: el rincón de los mansos, donde estuvieron dando zanahorias a las cabritas y jugando con ellas un rato. A Pilar le olieron las zanahorias que llevaba en la bolsa y se le subieron encima ¡seis! Después hicimos en recorrido de la zona del zoo en la que están las aves. Un magnífico recorrido donde interactuar con especies de todos los rincones del mundo. Loros y cotorras impresionantes. Búhos muy especiales y hasta faisanes de vivos colores. A las niñas les encantan las gallinas sedosas, que tienen pelo blanco encima de la cabeza y en las patas. Cuando andan y se les mueve el pelillo de la cabeza, me recuerdan a los dibujos de los Fraguel. ¡Son muy graciosas! Por supuesto, también pudimos ver pavos reales y otros ejemplares más comunes en Europa. Después comenzamos la visita del zoo, donde pudimos ver a los tigres, los jaguares, los lobos, puercoespines, monos, buitres, búhos, linces… Todos ellos se encuentran en recintos muy amplios, por lo que no da la sensación de estar encerrados en jaulas. Además, hay que hacer hincapié que los ejemplares que se encuentran en este lugar han sido rescatados del tráfico ilegal de animales. Os puedo asegurar que no tienen cara de estar tristes y esto es algo que suelo mirar mucho en los zoos pues, cada vez estoy más sensibilizada con estos temas. Los lobos más jóvenes de la manada estaban corriendo en paralelo con unos niños que corrían alrededor del recinto. ¡Jugando con ellos! ¡Me maravillan estos animales! Como curiosidad, os diré que Félix Rodríguez de la Fuente colaboró en la promoción de Safari Madrid, a finales de los años 70 y, cuando falleció se trasladaron al lugar muchos de los lobos con los que él trabajaba. Os podéis imaginar cómo es este lugar con el cuidado y el mimo de los animales, teniendo en cuenta que un naturalista de la talla de este hombre, se implicó en su promoción.

Cuando terminamos la visita del zoo, las niñas querían volver a iniciar el recorrido del coche, así que volvimos a ver a los animales en semilibertad y ya desde allí nos marchamos a casa. Ellas felices y agotadas. Y nosotros fascinados de nuevo por este maravilloso rincón de la naturaleza. Un pedacito de África en Madrid.

¡Os animamos a visitar Safari Madrid! ¡Es un plan genial y muy seguro para estas Fiestas! Además, tenemos sorteo en marcha en nuestra web, así que os puede salir gratis. Y si no os toca, también tenemos una promoción en marcha en la que, por cada vehículo, un niño os saldrá gratis.

Más información y venta de entradas en www.safarimadrid.com.

Acerca de María Cerrato

Periodista y mamá a tiempo completo. Amante y adicta a la cultura en sus múltiples variedades: literatura, teatro, arte, cine… Una adicción que ahora también comparto con mis niñas, Carmen y Pilar, que son mi vida y a quienes siempre he intentado contagiar este amor incondicional por la cultura. Ellas son mis actuales compañeras de escapadas teatrales, lecturas de cuentos, películas animadas… Todas estas escapadas ahora puedo compartirlas con otras mamás a través del blog de este fantástico medio de comunicación que es Mamá Tiene un Plan, con el que tengo el orgullo de colaborar.

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