Y por fin llegó el Ratoncito Pérez

Una de las cosas, entre otras muchas que nos ha traído el verano, ha sido la visita inesperada del Ratoncito Pérez. Y digo inesperada porque, aunque Elena tiene ya  6 años y a sus amigas de colegio ya se les había caído más de un diente, en nuestro lugar de vacaciones no teníamos nada preparado para recibir a este simpático personaje. Tuvimos que improvisar y esta fue la historia que su padre y yo nos montamos alrededor de este roedor.“Se me mueve un diente”, nos advertía Elena un día tras otro, pero nosotros sin hacerla caso, más que nada porque a raíz de que durante el curso a sus compis de cole se les fueron cayendo los dientes a ella, quizás porque también quería recibir su moneda, decía que se le movía algo, y así hemos pasado el invierno, la primavera y… claro, tanto decir que se me mueve un dientese me mueve un diente que al final el diente se cayó y lo hizo sin que nadie nos diésemos cuenta, ni la propia Elena.

Todos estábamos contentísimos, felices, expectantes, menos Elena que estaba preocupada porque no sabía dónde se había caído el diente y no lo encontraba. Miramos en su habitación, dentro de la cama, en el tazón del desayuno, entre su ropa… Nos fuimos al parque, a casa de su amiga Olguita, a todos los lugares por los que había pasado esa mañana, pero no hubo suerte… ¡el diente no aparecía! “No te preocupes, Elena, mi padre tiene el whatsapp del Ratoncito Pérez. Seguro que si hablas con él, lo entenderá”. Y así es como le pedimos al papá de la mejor amiga de mi hija el teléfono de ratón, y así fue también cómo me creé -mejor dicho modifiqué- uno de mis contactos para convertirlo en el ayudante de Ratoncito Pérez.

Hablé con mi amiga Rosana, toda una crack con los niños, que sería mi “ayudante de ratoncito Pérez particular”, cambié su foto por una del simpático roedor y empezamos a intercambiarnos mensajes. Elena no se lo podía creer: hablaba directamente con el ayudante de ratón. Este nos pidió ciertos datos: foto de la boca de Elena, una carta dando su nueva dirección y un audio de la peque. ¡Fue una experiencia increíble para ella y para nosotros, que podíamos ver en vivo y en directo la ilusión de Elena por este momento tan especial!

Pasamos el día pendientes del móvil, esperando ansiosas cualquier indicación que nos diera el ayudante de Ratoncito Pérez y, por supuesto también, enseñándole a todo el mundo que se cruzaba en la vida de Elena (desde sus amigos hasta sus abuelos pasando por la vecina de al lado) todos los mensajes recibidos. Y es que a mi hija lo que más le preocupaba era pensar que en su lugar de vacaciones, un pueblo de cuatro habitantes en invierno, sin semáforo y sin bar, no llegase Ratón. Pero lo hizo, por la noche, sin que apenas nadie nos enterásemos.  Elena dice que vio cómo colocaba su moneda debajo de la almohada y que es muy pequeñito y muy simpático. Tendremos que estar los mayores más atentos para la próxima vez…

¡Hasta el próximo diente!

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