Los presos, ¿más libres que nuestros hijos?

Estos días hemos leído un artículo que nos ha dejado helados: Los niños pasan menos tiempo al aire libre que los presos. ¿¿Perdóooon?? Nos llevábamos las manos a la cabeza, pero… leyendo y leyendo… ¿tienen razón?

El País publica este impactante titular basándose en un estudio efectuado en 10 países con 12.000 padres con niños de entre 5 y 12 años. Los presos pasan 2 horas fuera de sus celdas, al aire libre. Los niños, en cambio, menos de treinta minutos. El estupor entre familias (y presos) no se ha hecho esperar. Del dato, nace una campaña, Liberad a los niños, en la que pretenden concienciar a los padres, profesores, familiares… de que salir a la calle es salud.

Hace no mucho, un amigo me contaba que hace décadas se hizo un estudio en el que se comprobaba cómo un mono enjaulado y una persona viviendo en una gran ciudad padecían los mismos males, desde estrés, hasta insomnio, pasando por alopecia. Este comentario me dejó alucinada.

Hace falta salir, hace falta moverse, “sentir el sol en la piel”, como dice uno de los presos del anuncio. Y a nuestros niños, aun más. No en vano, los pediatras siempre recomiendan con insistencia: parque, parque, parque…

Así que, hemos decidido hacer un brainstorming de las cosas que un niño debe hacer al aire libre antes de cumplir los 12 años, aptas para distintas estaciones:

  1. Ver un amanecer sobre una montaña.
  2. Montarse en todos los columpios del parque.
  3. Subir un tobogán, no sólo bajarlo.
  4. Sentir la hierba en sus pies descalzos. Y mirar al cielo mientras siente el fresquito.
  5. Jugar a pillar con papá y mamá a plena luz del día y en medio de la calle (o del parque). No temáis, padres, no haréis el ridículo. ¡Jugad!
  6. Hacer fotos de flores.
  7. Pisar charcos. También sin botas de agua, aunque sea para reírse de los adultos.
  8. Comer un bocata y esperar a que las hormigas se lleven las miguitas.
  9. Hacer muñecos de nieve. 
  10. Jugar al fútbol y hacer una portería con dos zapatillas.
  11. Mojarse los pies (y hasta el culete) en un arroyo.
  12. Abanicarse con una hoja de un árbol que acaben de coger del suelo.
  13. Seguir huellas de animales. 
  14. Caerse de la bici. 
  15. Tirarse al suelo en medio de una nevada y dibujar ángeles. O escribir su nombre en la nieve.
  16. Dormir en una tienda de campaña al menos una vez en la vida.
  17. Correr de vuelta a casa en medio de una tormenta.
  18. Recoger flores silvestres para los abuelos, o coleccionar distintas hojas de los árboles…
  19. Disfrutar su primera bajada sin ruedines en bici.
  20. Ir a coger moras.
  21. Saltar en una cama elástica sintiendo el viento en la piel.
  22. Hacer una guerra de bolas de nieve.
  23. Coleccionar castañas.
  24. Hacer castillos de arena con cubo y pala.
  25. Comer un helado mientras se les deshace por los brazos y lavárselos en una fuente. 
  26. Aprender a montar en patinete.
  27. Quitarse una china del zapato cuando llega la primavera y se ponen las sandalias por primera vez en la temporada.
  28. Regar montañas de arena como si fueran flores.
  29. Escuchar el eco de su propia voz en una cueva.
  30. Echar una siesta sobre el césped.
  31. Esperar a que pase la lluvia bajo un soportal.
  32. Hacer una guerra de globos de agua.
  33. Ir a por setas.
  34. Ir cogiendo la publicidad en los parabrisas de los coches por el puro placer de acumular papeles de colores.
  35. Trepar un árbol.
  36. Plantar un árbol. 
  37. Aprender a hacer malabares a la vista de mucha, mucha gente. Os recomendamos probar un diábolo. Genial.
  38. Buscar formas en las nubes.
  39. Hacer pasteles de arena con moldes de yogur.
  40. Arroparse con una manta en un cine de verano.
  41. Ir de picnic. La tortilla de patata cobrará una nueva dimensión.
  42. Volar una cometa.
  43. Buscar piedras raras.
  44. Fotografiar aves.
  45. Dar un paseo de cara al sol. Están muy guapos guiñando los ojos.
  46. Responder a los pájaros cuando cantan al atardecer.
  47. Pasear de la mano. Apretadla bien fuerte, sin pasaros… Y disfrutadlo.
  48. Ir a hombros de papá/mamá tocando los carteles de las tiendas con la mano.
  49. Quedarse fríos en una terraza.
  50. Despedir el día viendo caer el sol en el horizonte.

Sobre Diana

Soy periodista, emprendedora, amante del teatro (sobre todo infantil) y de los buenos planes (en familia, en pareja, entre amigos, en solitario...). Un día, después de un montón de casualidades, decidí lanzarme a la aventura de poner en marcha mi propio proyecto profesional: Mamá tiene un Plan. Hoy, tengo dos peques (niña y niño) y muchas ilusiones, a los que dedico todo mi tiempo y energía. En el viaje me acompaña un hombre maravilloso (al que dedico menos tiempo del que me gustaría y quiero con locura) y una gran familia a la que adoro que hace posible que todo lo demás siga girando. @Diana_M_N

2 comentarios en “Los presos, ¿más libres que nuestros hijos?

  1. Gracias por este nuevo artículo. Espero que lo lea mucha gente y se empiece a tomar conciencia del modo en que vivimos. Entonces se podrán tomar medidas al respecto. Por qué no recreos más largos y menos asignaturas vacuas??? La escuela no debería parecerse a una cárcel, sino a un lugar donde aprender y divertirse y hacer amigos, no?

    1. totalmente de acuerdo… últimamente he leído que en España, siempre tan orgullosos de nuestro sol, empezamos a tener carencia de vitamina D. También culpo a los hábitos de vida. Ojalá los niños no tuvieran que sufrir nuestro ritmo!

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