Ya os estoy echando de menos

Hoy a las 11.30 de la mañana os montabais en el coche de papá destino a vivir vuestro mejor verano mientras que yo me quedaba en casa con un silencio hasta incómodo. Por delante quedan seis semanas en las que vosotras aprenderéis a montar en bici sin ruedines, a hacer rosquillas con la abuela Tere, a coser con la tía Juani  y, si tenemos suerte, incluso Ana se quitará en pañal. Yo no estaré físicamente en todos esos planes ni actividades diarias, pero prometo que los fines de semana cuando os vea recuperaré el tiempo perdido.

Es el momento soñado por muchas de nosotras, una situación que nunca piensas que se va a producir y que cuando se da hasta te sientes mal por haberla deseado. Este verano lo paso sin mis hijas y sin mi marido, y aunque a priori se presenta como una oportunidad para dedicarme tiempo a mí misma, experimentar la sensación de soledad en mi carnes, aburrirme hasta no parar de hacer zapping  y aprovechar para “recuperar” algo mi vida social , así de primeras, la idea me asusta.

Será el primer verano que no disfrute al completo de mis hijas. Los dos anteriores, entre bajas de maternidad y  parón laboral, me he visto “forzada” a no despegarme de ellas literalmente: de la ciudad al pueblo pasando por la playa. Pero este año no va a ser así. Este año el trabajo nos separa y, aunque sé que estarán de maravilla con su padre, sus abuelos, sus tías y sus primos, yo las voy a echar mucho de menos.

Será, Elena,  el primer año de los seis que cumples que no esté allí el día de tu cumpleaños. Eso me duele en el alma, porque creo que mi vida cobró sentido el momento que te tuve en mis brazos, tanto que a veces intento recordar cómo era yo antes de ese 8 de agosto a las 3.00 de la madrugada y me cuesta visualizarme. Lo celebraremos unos días antes, cuando mamá vaya a verte, y habrá piñata, como a ti te gusta, pero el día D no podré estar allí para despertarme contigo y achucharte hasta que me digas: “Que me haces daño, mamá”.

Será la primera vez que pasemos tantas noches separadas, justo ahora que habíamos cogido la “costumbre” de dormir juntas en la cama grande y desterrar a papá a la otra habitación. Ana, ya no pondré darte la mano para que me sientas cerca a tu lado, pero en mis sueños seguirás estando.

Sé también que os acordaréis mucho de mí y que me echaréis de menos (no sé si tanto como yo a vosotras), aunque también sé que cuando os llame para hablar con vosotras no os apetezcerá porque estaréis a punto de meteros en la piscina del patio o de iros al parque a jugar con vuestras amigas.

Sé que para todo hay una primera vez, pero quizás en este caso hubiese preferido que no ocurriese. O quizás sí, porque este tiempo sola me enseñará a valorar lo que realmente importa en la vida y a darme cuenta de las oportunidades de ser felices que perdemos en nuestro día a día por cosas insignificantes.

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