¡Mamá, cuéntame un cuento!

Llegan las Navidades, la comida rica, las luces y el momento de hacer la wish list. La mochila de Dora, el vestido de Elsa, el colegio de los Bubbles Guppies y un cuento. Este año aún no sabemos cuál nos traerá Papá Noel, pero en casa ya le hemos reservado un sitio privilegiado en nuestra estantería.

Elena, mi primera hija, tiene cuatro. No sabe leer, ni escribir, pero sí es capaz de devorar con sus grandes ojos marrones las ilustraciones que contienen los cuentos que año tras años nos traen Papá Noel y los Reyes Magos o le regalan abuelos, tíos y papá y mamá. Ahora estamos con Las aventuras de las letras (Editorial Bruño), porque en el cole están empezando a ‘estudiar’ las consonantes y vocales, pero desde bien pequeñita ha sido una consumidora de libros.

Empezamos con los cuentos para el baño, con cuatro páginas resistentes al agua y la intensa vida de un pato que busca a su mamá. Ahora ese libro ha pasado a ser uno de los favoritos de su hermanita Ana, aunque ella se lo deja con recelo (ays, mi princesa destronada)… Luego vino La brujita Mimí aprende un hechizo para dormir  (Editorial MacMillan). El secreto del éxito de este cuento, estoy más que convencida, ha venido por la protagonista: una niña de cara muy redondida que quiere ser bruja, pero no una bruja cualquiera, una de las buenas, que repite una y otra vez: “Abracadabra,  cuna de mula, una palabra y estás en la luna”. Estuvimos un año cenando con Mimi y sus amigas e intentado que esas palabras mágicas tuvieran algún efecto. Decidimos probar con otro título de esta colección, pero Elena no lo acogió con la misma intensidad. ¿Será cierto entonces eso de que segundas partes nunca fueron buenas? ¡Misterio!

Después vinieron los cuentos para leer a oscuras como El tren de los monstruos o Dónde viven las hadas (Editorial Anaya), Las tres mellizas y los cuentos clásicos (Ediciones Lectio) o Los cuentos mágicos de Camila y sus amigas (Editorial Bruño). Pero si hay un título estrella ese es sin duda El libro, del gran maestro Hervé Tullet (Editorial Kókinos), recomendable para cualquier edad y para todo tipo de ocasiones. A nosotros nos acompaña desde que Elena cumplió dos años, fue el gran protagonista en la fiesta de su tercer cumpleaños y solemos recurrir a él cuando vienen amiguitos a casa. Los peques (y no tan peques) se quedan enganchados porque es un cuento-juego en el que van escuchando una historia muy sencilla, pero lo mejor es que ellos interactúan contigo; es como si tú mismo te convirtieras en un todo un cuentacuentos profesional. ¿No es genial la idea? Probadla y me contáis.

Y cómo no, en nuestra colección no pueden faltar esas historias que contamos de camino al colegio, mientras vamos en el coche al pueblo o que nos hacen más llevaderas las  frías y oscuras tardes de invierno, y no son otras que las que surgen de manera espontánea en mi mente: La historia de Matías; Ana, Matías y Elena; La princesa del pelo largo… Os animo a que vosotr@s también practiquéis este ejercicio de creación, porque sienta de maravilla para liberar estrés y ellos lo agradecen como si fuera el paquete más grande del mundo con el juguete más caro dentro.

6 comentarios en “¡Mamá, cuéntame un cuento!

  1. Buscaremos “el libro” , me ha entrado mucha curiosidad! Y los demás tb cd vayamos a la biblioteca, q que tendrá el silencio q cd mis hijos entran en ella se transforman en todo silencio y tranquilidad, ellos q son niños d parque y moverse todo el rato la biblioteca un ratito d vez en cd les da calma jeje

  2. ¡Teresa también es una devoradora de cuentos! Tenemos “El libro” y hubo una época en que tuve que esconderlo porque me pedía que lo leyéramos a toooooodas horas… Claro.. No es un cuento cualquiera, hay que ponerle ganas y teatro! Jaja!
    Me encanta el post, un cuento bien leído es un regalo para siempre.

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