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Niños maleducados y lugares “solo para adultos”

Este verano me he quedado bastante sorprendida con la cantidad de hoteles de vacaciones que abiertamente, públicamente y sin pudor indican en sus carteles que son “sólo para adultos”. Y no es que los hoteles ofrezcan espectáculos subiditos de tono,  sino que simplemente, no quieren niños entre sus clientes. No quieren ruido, quieren garantizar la calma de sus clientes. ¡Como si los adultos garantizáramos un ambiente cívico y tranquilo, jaja! 

Hace unos días, leía una noticia de Antena 3, que creo que en otro formato ya había llegado a mí en redes hace bastante tiempo, en la que contaban cómo una mujer, madre, había ayuda a otra con 3 niños en un avión. Al parecer el mayor no daba problemas, pero los dos pequeños (ambos menores de 3 años) lloraban y pataleaban haciendo que un avión lleno criticara a la madre por no poder controlar a sus hijos – ¡Ja!, me río yo de controlar a niños por debajo de los 4 años.

Captura de pantalla 2017-08-25 a las 10.28.07La noticia exaltaba la actitud de esta viajera, madre de 2 y fotógrafa, que contaba con estupor cómo nadie, NADIE, en todo el vuelo (ni siquiera la tripulación) se había ofrecido a ayudar a esa mamá que claramente no tenía brazos suficientes para calmar a sus dos peques. Y no solo la gente mostraba indiferencia sino desprecio e incomprensión: una mujer se tapaba los oídos mirando a la mamá y haciéndole muecas, la señora que iba delante del bebé de 3 años le agarraba las piernas para que no golpeara su asiento y otros, muchos, comentaban lo mal educados que estaban los niños. Podéis leer aquí su entrada completa en Facebook, que no tiene desperdicio (en inglés). 

Leyendo estas cosas me pregunto de nuevo (esta reflexión me asalta con frecuencia últimamente) qué quiere decir la gente cuando dicen cosas como “este niño es un maleducado”. Lo he escuchado incluso refiriéndose a bebés de meses y me surge la duda… ¿cuánto tiempo tenemos los padres para educar a nuestros hijos? ¿cuándo debe ser nuestro hijo un modelo de comportamiento, estar calladito y sin dar guerra (como si no existiera)? ¿Qué margen de actuación nos da la sociedad antes de mandarnos al rincón de pensar por malos padres? ¿Tenemos un año, dos, 6 años, 15 años para que los niños se conviertan en ejemplos de educación y templanza? Porque es una tarea larga esta de educar, larguísima: dura toda la vida. Muchos adultos la tienen pendiente, me temo.

Sin embargo, con bebés de 9 meses que no logran dormirse en un entorno con ruido (por cierto, ¿para cuándo un restaurante donde la gente no grite o una zona tranquila para familias con bebés que están durmiendo la siesta? tampoco sería mala idea, ¿no?) también he oído (y sufrido) aquello de “lo tienes muy maleducado, debería estar acostumbrado a dormir con ruido”. Entiendo que en este caso, dicen maleducado cuando quieren decir malacostumbrado (que es menos hiriente). “Pues mira, sí, el niño se ha acostumbrado a dormir en silencio porque resulta que en mi casa a su hora de la siesta solemos estar solos él y yo y no me apetece buscar una taladradora y ponérsela en la oreja para que no se altere cuando escuche una risa como la del señor de al lado, ese que nos está echando miradas de asesino cuando el pequeño berrea”.

Resumiendo, me gustaría lanzar la reflexión: los niños no están ni mal educados ni bien educados. Están en proceso y tengamos en cuenta que será un proceso largo. No cumplirá los 3 años y, por arte de magia, dejará de hablar alto y empezará a reírse de los chistes de adultos totalmente integrado en nuestro mundo. ¡Demasiado esfuerzo hacen ya en entornos cerrados en los que no pueden ni moverse, ni levantarse, ni alzar la voz! Demasiado hacen ignorando las miradas de los que nos rodean, miradas que, dejadme que os diga, también les educan, también les enseñan que pueden mirar mal (incluso fatal) y hacer muecas a quien haga cosas que a ellos no les gusten. Porque los desconocidos también educan, son parte de todo esto (y no pasan un examen de comportamiento en sociedad antes de entrar en un restaurante para garantizar que están preparados para dar ejemplo con sus actitudes y reacciones).

Por supuesto yo también he estado en restaurantes con niños que se “comportaban mal” y no ha sido agradable. Mis hijos se han portado mal en numerosas ocasiones y ha sido, os lo garantizo, aún más terrible que cuando dan guerra los niños ajenos. Las miradas de la gente alrededor, la presión que una misma se pone encima porque no sólo están pensando que tu hijo es insoportable sino que tu, como madre, no sabes controlar la situación, no has sabido educarlo, no sabes, resumiendo mantenerlo en silencio. Mantener un niño en silencio: Antinatural.

Seamos más comprensivos (también con nosotros mismos), tengamos presente que los niños están aprendiendo y que los padres hacemos lo que podemos. Y a veces los ignoramos, sí, porque resulta que es la mejor solución. Resulta que a veces nuestros hijos NECESITAN moverse, necesitan correr… y muchas veces el lugar no está preparado para eso. Así que les limitamos una zona (que suelen no respetar) para que puedan hacer lo que su cuerpo les pide a gritos porque si los intentáramos tener sentados en la silla tendríamos que atarlos, sería la única forma. Pero eso no es legal y nos mirarían aún peor :P

Algunos diréis: pues si necesitan correr tanto, no vayas a estos lugares. Cierto, pero como los niños no son máquinas, un día se portan fenomenal y otro no paran quietos… ¿cómo saberlo? ¿es mejor no hacer planes por si acaso? ¿Mejor me recluyo en casa hasta que cumplan 16? A la economía no le gustaría eso, me temo. Familias que hacen la compra en el pequeño comercio hacen falta, familias que van a un restaurante los fines de semana también son necesarias… quizá para esas tiendas y esos restaurantes esas familias son la diferencia entre sobrevivir o cerrar. Vamos, que consumir es bueno, aunque no tengas canguro para consumir mientras tu hijo está en casa sin molestar a nadie.

Me encanta cuando dicen eso de “y encima sus padres no les hacen ni caso”. Me resulta tan divertido (ironía on) que la gente desconocida opine sin saber nada… no sabemos lo que lleva encima esa familia, ni cómo han dormido, ni si la semana pasada la sufrieron con un virus de destrucción masiva en casa y ahora los niños tienen las energías a tope, no saben si los niños tienen algún problema de salud que por supuesto no van a parar a contarnos (muy recomendable este video sobre la concienciación del TDA)… ¡Qué sabemos los de fuera! Si algo me ha enseñado la maternidad es a no juzgar. Es un atrevimiento insultante. Puede que a la ligera se pueda pensar, pero no somos nadie para decirlo en alto. ¡Quién sabe qué pasa en cada casa!. Y sí, hay padres terribles. Pero sinceramente, no conozco a ninguno de ellos directamente. Quizá alguno de los que conozco (o yo misma) ha sido juzgado como terrible por otro padres. No todos somos siempre buenos padres o siempre malos padres. Solemos oscilar, ¿no os parece?

Dejadme que os confiese que a veces pienso que, si voy sin niños, un sitio de estos que comentábamos, un sitio “sólo para adultos” sería ideal: podría disfrutar de una conversación entre adultos como las que suelo saltarme cada día, me ayudaría a no sentirme culpable por salir sin mis hijos al no tener que ver a otros niños de su edad hacer monerías en la zona. Sin embargo… ¿no os parece incluso antidemocrático? ¿No os parece que los niños, como personas que son, deberían poder entrar donde lo hicieran sus padres? Son niños, no bestias. Se comportan mal a veces (claro, como los adultos que se rien a pleno pulmón o se cuelan en la fila del super). Pero son parte de la sociedad… ¿cómo les vamos a enseñar a comportarse bien en el mundo si tienen vetada una parte tan cotidiana de este?

Y por otro lado, lanzo otra reflexión evidente. ¿No os parece que quizá pudiéramos ir a restaurantes, bibliotecas, teatros, museos, etc. con los niños si estos lugares estuvieran preparados para ellos? Pero preparados de verdad.

Tomando como ejemplo un restaurante: Sabemos que el alcohol no nos pone en nuestra mejor situación mental, pero aún así nos ofrecen todo tipo de bebidas para que alarguemos la comida, disfrutemos de una sobremesa cargada de licores o chupitos. Sin embargo, cuando vamos con niños, se espera que decidamos deprisa, comamos rápido y nos vayamos lo antes posible. Qué tal si, como sustitutos de esos chupitos, licores y cócteles que ofrecen a los mayores ofrecieran una zona en la que los niños pudieran jugar, pintar, ver una peli, hacer un taller, preparar un teatro… ¡Algunos son restaurantes especializados para ir con niños y les va fenomenal! De esta forma los padres podríamos disfrutar de una comida más larga y más relajada. Sin embargo, tener esos espacios ocupa demasiados metros y reduce las mesas disponibles: no es rentable. Una pena, porque nos ayudaría a salir a comer y a cenar con los niños muchas más veces. Quién sabe, quizá por el camino los niños aprenderían cómo hay que comportarse en un restaurante.

Al final, si los niños un día pagarán nuestras pensiones (si llegamos a eso, claro), ¿no deberíamos tratarlos al menos con el mismo respeto que tratamos a otros adultos? Como siempre, me parece estupendo que cada uno tenga su opinión, pero no me quito el mantra de la cabeza: no juzgues, no juzgues, no juzgues… y mucho menos públicamente.

Pero siguen lloviendo noticias que ponen en bandeja juzgar los padres sin saber: niños que desaparecen en el campo y sobreviven gracias al calor de su perro (y las redes sociales se llenan de comentarios de padres perfectos que JAMÁS pierden de vista a sus hijos y no entienden cómo puede pasar), niños que destrozan el Titanic en una exposición de LEGO y sus padres se niegan a pagar la multafamilias que deben abandonar un avión porque el bebé dio patadas al asiento de delante. Noticias que animan a juzgar a los demás sin conocer a fondo la situación, sin saber qué desencadenó el titular. Imposible juzgar a nadie sin saber más, sin haber estado allí. Una opinión siempre tendremos, pero es importante tener claro que no tenemos todos los datos. Personalmente, no me atrevería a juzgar públicamente en redes sociales. Tomando un café con una amiga, por supuesto, pero nunca en redes. Al final son nuestro medio de comunicación personal. Debemos ser rigurosos.

Sobre Diana

Soy periodista, emprendedora, amante del teatro (sobre todo infantil) y de los buenos planes (en familia, en pareja, entre amigos, en solitario...). Un día, después de un montón de casualidades, decidí lanzarme a la aventura de poner en marcha mi propio proyecto profesional: Mamá tiene un Plan. Hoy, tengo dos peques (niña y niño) y muchas ilusiones, a los que dedico todo mi tiempo y energía. En el viaje me acompaña un hombre maravilloso (al que dedico menos tiempo del que me gustaría y quiero con locura) y una gran familia a la que adoro que hace posible que todo lo demás siga girando. @Diana_M_N

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